A l'espai Labordeta

27.12.2010
Manuel PÉREZ-LIZANO FORNS
Presidente de AACA
En el bello y sugerente Espacio Fundación Labordeta, paseo de los Ruiseñores, 39, inaugura exposición Martì Morròs Valls (Sallent, Barcelona, 1963), con obras en ciudades como Toledo, Damas del Agua, 2009, Huesca, Portal de los Pirineos, 2009, o Badajoz, Danzas de la Tierra, 2010, que ofrecen con exactitud su categoría como escultor, en tiempos partiendo de un matiz superado vía Eduardo Chillida, tan capaz de concluir esculturas mediante cierta poderosa fluidez a través del sentimiento aderezado por el justo brochazo racional, siempre con el objetivo de que en su resultado gobierne la máxima naturalidad. Todas sus esculturas, por cierto, son de hierro y acero corten. El 20 de noviembre, día de la inauguración, nos afirmó: El hierro es el lápiz de la escultura, con lo cual señala su grado de refinamiento, de dura delicadeza, aplicado al metal.

La exposición tiene su complejidad, pues el escultor ha contado con tres artistas para que intervinieran en tres obras. Sebastià Plans termina una obra plana, tipo cuadro, con técnica digital sobre acero e incorporación de evocadores fondos cual sinuosas grietas, sobre la que Morròs añade expresivas y ondulantes formas emergentes de la superficie como diáfano contraste. Una especie de parto metálico. El japonés Mirai Kobayashi también concluye obras tipo cuadro con fondos oscuros y formas expresionistas, sobre las que destaca el nacimiento de lo escultórico en el lado izquierdo, de modo que permite ese vacío general inundando el soporte para que cierto misterio aflore desde la superficie pensada por el artista japonés. Mientras, el pintor José María Martínez Tendero tiene experiencia de intervenir en una escultura, pues basta recordar cuando pintó un león, en 2006, del escultor Francisco Rallo Lahoz, justo con motivo del 25 aniversario de El Corte Inglés en Zaragoza. Cuelga un dibujo como Estudio para obra conjunta con el escultor M. Morròs, basado en una fachada de vivos colores, y otro que evoca a la escultura para trasladarla junto con el edificio a la superficie escultórica mediante abstracciones expresionistas.

En cuanto al resto de la obra conviene detenerse en la escultura Infinito, que está basada en la Cinta de Moebius, por el científico alemán del siglo XIX Amadeo Moebius, sin que el propio Morràs lo supiera, tal como nos indicó el día de la inauguración. Ya resulta sorprendente, por el número de casos, que un escultor, o un pintor, termine una escultura basada en dicho concepto científico sin saberlo, o en otros, hasta el punto que se detecta, de nuevo, la íntima fusión de las artes plásticas con la ciencia. La escultura citada, sin principio ni final, tiene un perfil angular y está hueca, de manera, según nos señalaba el artista, que posee una sorprendente capacidad para sacar cambiantes sonidos, algo realizado ya por músicos. A los días de inaugurarse la exposición, hacia el 17 de diciembre, el percusionista Javier Villar intervino con motivo de una cata “sensorial”, en la que los asistentes disfrutaron de los aromas y sabores de los nuevos Latidos de Vino 2010.
Otras esculturas tienen un ámbito formal muy distinto al señalado. Se parte de una fuerza excepcional o de una delicadeza extremada en perfectas composiciones, con algunas obras caracterizadas por el movimiento de una zona o el cambio manual, según se quiera, cuando la obra está formada por dos o tres volúmenes separados. Voladoras II, por ejemplo, está configurada por dos volúmenes ascendentes, mientras que Llamas del corazón, por ejemplo, está integrada por tres volúmenes ascendentes y ondulantes para ofrecer mayor complejidad formal.
Las esculturas son fascinantes estudios de las formas con definido estilo, de manera que las abstracciones geométricas se alargan ondulantes casi paralelas al suelo o ascienden entre cambiantes quiebros, como si rociadas de enigmas cubrieran la superficie escultórica, que como tal tiene dispares texturas del propio metal para enriquecer el ámbito externo. Pero existen otro tipo de esculturas abstractas relacionadas con el cuerpo humano, como por ejemplo la obra con dos volúmenes reproducida en la tarjeta de invitación. Antes citábamos a Morròs como artista capaz de posar en sus obras fuertes sentimientos con impecable naturalidad, sin forzar nada. La obra de dicha tarjeta de invitación es un idóneo ejemplo, pues estamos ante dos figuras, muy abstraídas, de cuyo interior fluye y emerge ese vibrante amor pasión, único, irrepetible, entre hombre y mujer, que traslada al exterior vía campo formal, pero con tal delicadeza que la ternura perfora cualquier mirada.
Muy buen escultor con hermosa capacidad de trasladar su pensamiento hacia el metal todavía sin nacer, siempre con dominante control para eludir extrañas conclusiones o dejándose arrastrar por el aludido sentimiento en una especie de gozo, como si el propio artista se transformara en escultura. Su interior hecho exterior. Todo natural.